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domingo, septiembre 13, 2009

El árbol de los sueños







"El árbol del que "nací",
del que mis padres llegaron,
donde entre sueños y revoloteos me encontraron.
Puede sonar como un cuento raro,
pero mamá dice que los adultos no cuentan mentiras;
dice que todos son sinceros,
de todos modos...
Aún no le creo".

Me desperté, y mis lánguidas piernas, debiluchas, colgaban de mi cama hacia la nada, hacia el suelo, hacia ese no se qué, creo agujero negro.
Mamá acostumbraba limpiar todos los días a las seis de la tarde debajo de la tabla con paja donde dormía, diciendo en forma de pretexto, que yo era muy sucio y que los monstruos debajo de ella me iban a comer.
La cosa era que, el agujero negro estaba máaaaas abajo; que mi cama estaba colgada de un hilo, y que yo estaba sobre ella.
Mas, había algo que no podía evitar mi franca felicidad: Estaba colgante en el árbol de los sueños, y no estaba en mis deseos bajar. La risa del verde de las hojas me extraviaba,
"porque si bajo encontraré sólo y triste el risueño llanto de éstas"- Murmuré.
Pero ya estaba allí, y no me quedó más que vagar entre las transparentes ramas, y mirar cómo los de abajo subían y bajaban una y otra vez; arrancando los frutos que deseaban y comiéndolos a bocados enormes.
Parecía que el tiempo no pasaba porque en el reloj del árbol estaba toda la arena del mundo, y por eso el tiempo no me importaba mucho, solo a los de abajo; porque a todos les daban sólo un granito de arena, y eran los primeros en perderlo.
Me extravié entre la presencia del pastoso suelo, de la raíz de donde había venido y en la que había tropezado y aprendído no solo a bordar botones, sino a tejer corbatas con todos los días de abril.
La mujer de cabellos serios y piel clara bajó con agilidad el tronco, como si lo hiciera siempre, con el don de traerse ramas, con el peso que lleva encima parece como si se resvalara. Y la observé: Su naríz, y esos ojos llanos almendrados, su tez clara, y su cabello negro.
¡Yo la ví corriendo e iba y me cargaba!
Era mi madre quién me buscaba. Dijo que nací de un árbol, y yo el de las ramas doradas...

martes, julio 14, 2009

Cofre de tesoros

Estaba cubierto por polvo, con las pequeñas y puntiagudas orillas carcomidas… La caja de zapatos donde desde niña guardaba mis posesiones mas preciadas.
Una rosa sin pétalos descansaba debajo de todos los papeles que, arrugados, se encontraban en perfecto estado… Tan perfecto como debía de ser un papel de casi seis años.
Algunas cartas que nunca mandé. No sé si por insulsa, miedosa, o demás… Pero jamás habían sido entregadas. Había una, que escrita con una mano izquierda de una nenorra con apenas siete años y con el sobre achuchado y un gran sello morado en su parte delantera anunciaba que un día de aquellos había sido devuelta…
Tal vez por eso jamás mandé las demás… No quería que perdieran su viaje por el viento hasta llegar a su destino; no quería tenerlas de regreso… Porque habían sido escritas para alguien, para alguienes, alguienes quienes ahora ya no recuerdo.
Entre baratijas y papeles sin uso; estaba escondido un pequeño sobre con palabras de amores que en pequeños instantes de juventud habían halagado mi amor propio, piropos que ahora son ridículas palabras de amor de las que si fuera más joven me avergonzaría.

Y entre tantos desvaríos, no iba notando que mi tiempo se acortaba y, que había comenzado a anochecer... Dejando que por esta vez, la luna llena le ganara al quemante y ardiente sol que había estado gobernando todo el día.

Preferí continuar urgando en la pequeña caja a la que terminé por llamarle "El cofre del tesoro". Donde, desde una libélula en una cajita de cristal hasta el cuaderno mas viejo con las anotaciones aun mas absurdas tenia guardados ahí.

De pronto leí: "Sonríe" Y una pequeña carita feliz dibujada en la esquina de la pagina del cuaderno de "anotaciones absurdas"; y en grande la definición de sonreír de alguna enciclopedia que decía mas o menos así:

Desde un punto de vista fisiológico, una sonrisa es una expresión facial formada al flexionar los 17 músculos cerca de los extremos de la boca, pero también alrededor de los ojos. En los humanos, es una expresión común que refleja placer o entretenimiento, pero también puede ser una expresión involuntaria de ansiedad o de muchas otras emociones (ira, ironía, etc.). Varios estudios han demostrado que la sonrisa es una reacción normal a ciertos estímulos y ocurre independientemente de cuál sea la cultura, y tampoco es una reacción que uno aprenda, sino que se nace con ella: los niños que nacen ciegos sonríen desde un principio. En los animales, la exposición de los dientes, que podría parecer una sonrisa, significa casi siempre una amenaza - conocida como gruñido - o una señal de presentación.
El sonreír no solo cambia la expresión de la cara, sino que también hace que el
cerebro produzca endorfinas que reducen el dolor físico y emocional y proveen una sensación de bienestar.

Despues de tanto, terminé cuestionandome.

-¿hace cuanto que no sonríes, pero de verdad?

Al enterarme de la respuesta preferí cerrar la libreta y guardar la caja empolvada.

La lluvia estaba invadiendo el vecindario, saqué mi cabeza por la ventana para empaparme un poco de agua pura, y en segundos pude sentirme completamente feliz. Tomé una aguja y la mojé con una gota de lluvia que había caído desde una de las nubes mas altas, -de esas que rompían los rascacielos- cristalicé mi sonrisa en la gota y la guardé en el cofre de tesoros.

No es que por tener 40 años me avergüence del hecho...

De verdad; pero no se lo cuenten a nadie.

Shh...

E.G.M.P.